¿Low cost en los hoteles?

15/11/2013 | 0:00 | La idea de Jetcost.es surge de tener tarifas muy económicas para una habitación doble y que se cobren a parte las sábanas, el televisor, el shampoo o cualquier otro servicio.
 

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La idea final es que la tarifa básica de la habitación doble sea de 20 euros, menos si se hace con suficiente antelación. Es una habitación para dormir y también tiene un cuarto de baño para darse una ducha. Si se usa el aire acondicionado se paga aparte, si se enciende la televisión también, si se cambian las sábanas o se hace la cama tiene un coste extra, igual que si se cambian las toallas o se necesita champú.

Por supuesto, cualquier otro servicio, como el uso del gimnasio, o el minibar, el desayuno o incluso el conserje, incrementa la factura. Se paga por lo que se utiliza, pero si se quieren pocos lujos, la tarifa por noche es muy económica.

Esta es la idea a la que ha llegado el buscador de vuelos y hoteles Jetcost tras analizar las respuestas de sus clientes sobre qué cosas son prescindibles en una habitación de hotel. Son los hoteles low cost, mejor dicho, lo serán, porque el modelo aún no está consolidado, aunque ya hay serios intentos. Se trata de seguir el ejemplo que implantaron las compañías aéreas de bajo coste y que ahora siguen casi todas. Se parte de una tarifa inicial, que es muy flexible dependiendo sobre todo de la antelación y de las fechas elegidas, y se le van añadiendo costos: tasas, equipaje facturado, tarjeta de embarque, pago con tarjeta de crédito, embarque preferente, servicios a bordo.

La adaptación de los hoteles al modelo low cost es la última revolución que falta en el engranaje de los viajes. Ya se han acomodado a él las compañías aéreas, incluso las convencionales, el alquiler de coches, los cruceros, algunos turoperadores. Sin embargo, el componente hotelero desequilibra de forma desproporcionada el presupuesto. No parece lógico hacer un vuelo de dos horas y media por 15 euros y pagar 120 por unas pocas horas en un hotel.

Pagar por lo que no se utiliza

El precio promedio de un hotel de cuatro estrellas está en torno a los 100 euros por noche, lo que significaría pagar 3.000 euros al mes por una habitación. Por ese precio se puede alquilar un piso de lujo de 200 metros cuadrados en el centro de cualquiera de las grandes ciudades.

Es verdad que un hotel no está lleno los 30 días del mes, pero ese es un problema del hotelero, no del cliente. También es verdad que se incluyen muchos servicios: climatización, televisión por satélite, canales de pago, minibar, teléfono, carta de almohadas, cambio de toallas y sábanas, limpieza, amenities en el cuarto de baño, albornoz, zapatillas. Pero mucha gente no utiliza nada de eso, o no lo utilizaría si se lo cobraran aparte, ¿por qué pagarlo?

Casi todos los hoteles incluyen en los cuartos de baño una pequeña nota indicando que los detergentes deterioran el medio ambiente, que el agua es un bien escaso y recomiendan a sus clientes que si no necesitan cambiar las toallas las cuelguen de nuevo y solo se cambiarán las que estén en el suelo.

Tras el discurso medioambiental está la política de ahorro de costes en agua, detergente, lavadora, planchado, personal, pero se apela a la conciencia del cliente. ¿Por qué no apelar a su bolsillo puesto que de lo que se trata es de ahorrar? “Estimado cliente, si quiere que le cambiemos las toallas le costará 10 euros cada día, si le hacemos la cama y le cambiamos las sábanas, 15 euros más, si en lugar de utilizar el shampoo, el cepillo de dientes y la maquinilla de afeitar que usted lleva en su bolsa de aseo, usa las nuestras, son 8 euros más, la tele cuesta 15 euros y el aire condicionado 2 euros por hora, lo mismo que el uso de wi-fi para su ordenador”.

Porque la cuestión es que los hoteles actuales puedan adaptarse a la fórmula del bajo coste, como han hecho las compañías aéreas, insiste Jetcost, experto en el tema. No se trata de construir hoteles cápsula como los japoneses, o alojamientos a 20 kilómetros del centro de la ciudad y ofrecerlos baratos, eso sería como ofrecer vuelos low cost en aviones de hélice que tarden cuatro horas en hacer un Madrid-Barcelona.

Las compañías de bajo coste utilizan aviones de última generación, cómodos, seguros, de bajo consumo y poca contaminación. No hay redecilla para las revistas para que el pasajero no deje nada olvidado y no haya que recoger basura, penalizan el equipaje para que el tiempo en el aeropuerto sea lo más corto (y barato) posible, insisten en que te imprimas la tarjeta de embarque para ahorrar en papel, personal y mostradores de aeropuerto.

Además, consiguen otros ingresos al margen del precio de billete: acuerdos de marketing y promoción con los destinos en que operan (la UE no permite las subvenciones), publicidad en la web (Ryanair recibe unas 300 millones de visitas al año en su web), publicidad y venta a bordo, acuerdos preferenciales con tarjetas de crédito, rent a car, hoteles.

Primeros intentos

Aunque aún no se ha llegado al concepto low cost de los aviones aplicado a los hoteles, sí hay intentos para hacerlos más baratos. En España los precursores fueron Formule 1, Ibis, Sidorme y Travelodge, pero en la mayoría de los casos se trata de hoteles en carretera o en las afueras, con estructura muy básica. Room Mate, de Kike Sarasola, ha aplicado el criterio de bajo coste desde el inicio del proyecto, ofrece hoteles de calidad y diseño, pero sus precios siguen rozando los 100 euros por noche.

La asturiana Domus con la habitación a 40 euros en el centro de Oviedo, la catalana Gat Rooms también a 40 euros en el Raval de Barcelona o Chic & Basic en Atocha de Madrid por 52 euros, son algunas de las que están en la línea adecuada.

Todas ellas han partido de reducir el espacio de las habitaciones, el tamaño de las ventanas ("resultan complicadas y caras de limpiar"), los servicios y el personal ("antes un recepcionista sólo hacía eso, ahora también hace reservas y tareas de administración del hotel").

Eso sí, las carencias se han suplido con buenos diseños interiores, originalidad en la presentación y ofertas tentadoras: “Quieres dormir conmigo” insinúa un atractivo Óscar (que también es el nombre del último hotel de Room Mate en Madrid), “sin lujos ni ostentación, pero con muy buen gusto, divertido y aún mejor ambiente” se anuncia Chic & Basic.

Alguno ha tenido una idea ingeniosa, como el hotel Casa de la Luna, en Sevilla, con habitaciones a 40 euros, pero si se es parado o funcionario (con sueldo congelado) solo se pagan 35; también propone hasta 500 habitaciones a solo 10 euros.

La cadena que más se acomoda al concepto low cost de las líneas aéreas, según el buscador Jetcost, es Easyhotels, filial de la aerolínea Easyjet que junto con Ryanair lideran el mercado del bajo coste aéreo. Habitaciones minúsculas de 6 a 8 metros cuadrados, donde cabe una cama doble y poco más, una tele plana cuyo mando hay que alquilar en recepción, un pequeño aseo con una toalla y, por supuesto, todo lo demás de pago: limpieza, hacer la cama, desayuno, wi-fi y ventana.

Sí, si se quiere habitación con ventana hay que pagarla aparte. A cambio, ofrece localizaciones muy céntricas en grandes ciudades y precios inmejorables: 19 euros en Budapest y Oporto, 15 en Larnaka, 25 libras en el centro de Edimburgo o Londres o110 dirham (unos 21 euros) en el centro de Dubai.

Otra aerolínea de bajo coste, en este caso la malaya Air Asia, está detrás de Tune Hotels, otra cadena de hoteles con servicios mínimos, donde todo tiene un coste extra. Hay una decena de hoteles en Asia y acaba de abrir el primero de los 17 previstos en Londres. Reservando con tiempo se pueden conseguir habitaciones, sin ventana eso sí, desde 9 libras; el consumo eléctrico se cobra aparte.

Muchos de estos nuevos hoteles low cost, como el Qbic del World Trade Center de Ámsterdam, no tienen recepción. El cliente encuentra una máquina en la que introduce su código de reserva y así consigue la tarjeta de su habitación, a la que denominan Cubi, que dispone de un único elemento de mobiliario, diseñado por Philippe Starck, que integra cama, televisión LCD, conexión a Internet, un ingenioso escritorio desplegable y todo el cuarto de baño, sin puerta, claro.

De qué prescindir si baja el precio

El estudio realizado por jetcost.es entre los usuarios de su buscador indica que los clientes de hotel, si bajan los precios, estarían dispuestos a prescindir de lo siguiente, en orden de preferencias: Cambiar las toallas cada día, hacer la cama a diario y cambiar sábanas, amenities en el cuarto de baño, limpieza diaria de la habitación, televisor, mini bar, wi-fi; servicio de habitaciones: comidas, despertador; otros servicios del hotel: conserjería, gimnasio, spa, salones; aire acondicionado y calefacción; Ventanas.


 

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